Bajo Tierra

Bajo Tierra

Queridos familiares,

Me veo en la obligación de contaros el por qué no he podido estar con vosotros desde el año pasado. Creo que os merecéis todas las explicaciones que pueda daros. También es posible que tengáis muchas preguntas, pero ahí no podré hacer nada; todo lo que he hecho, con menos o más agrado, lo he realizado sin saber qué era yo, ya que no puedo decir que mi cuerpo me pertenezca, o más bien mi alma.

Todo comenzó cuando encontré algunas manchas de humedad en la casa, y quizá os estaréis preguntando que ¿cómo puede empezar algo con esas manchas? Pues bien, creo que las cosas más insignificantes pueden ser las más peligrosas. Puede ser que nadie sepa lo que tiene dentro de su casa hasta que se lo encuentra por sorpresa, que es lo que me pasó; y no puedo decir que esté mal o tenga que estarlo, más bien: me encuentro en el mejor momento de mi vida. Esta persona o cosa que encontré me ayudó en el peor momento de mi vida, y me alegro.

Ya sé que estaréis pensando que estoy loco, pero… es la verdad.

Todo comenzó con aquellas manchas en el salón.

Yo estaba sentado en el sofá, mientras veía mi programa favorito. Hasta aquí todo normal. Pero cuando me acerqué a ver mejor la mancha en forma de un círculo perfecto, me di cuenta de que dentro de la circunferencia había algunas letras. Como estaba un poco alto para mí, fui a la cocina y cogí las escaleras. Cuando llegué al salón, aparté un poco el sofá para poner las escaleras. Después, fui a mi despacho y cogí la lupa, que tengo encima de la base de cuero, para poder ver más de cerca las letras que había intuido. Al subirme a las escaleras y poner la lupa justo encima de la mancha, vi que había solo una letra: una “K”.

Esa misma noche, al acostarme, mientras tú, querida mía, dormías, yo estaba pensando en lo que había visto; pero no era consciente de lo que había hecho, quizá por desconocimiento. Mi mente comenzó a volar sin que me diese cuenta. Durante toda la noche estuve oyendo susurros provenientes de la cocina. Por un momento creí que se trataba de mi subconsciente, pero cuando nuestro hijo, David, vino a la habitación y me preguntó por aquellos sonidos, me di cuenta de que no eran invenciones mías. En aquel momento supe que debía hacer algo, ya que no podía soportar que mi hijo estuviera en peligro, por muy pequeño que fuera. Mientras que tú dormías plácidamente, acosté de nuevo a David y bajé a la cocina para intentar descubrir de qué parte de la cocina salían aquellos sonidos.

Cuando estuve enfrente de la puerta de la cocina, una corriente helada me despertó del sueño que aún mi cerebro tenía. La piel se me heló al momento, y los vellos se me electrizaron por el miedo que comencé a sentir. La puerta estaba abierta, como siempre, pero lo que más me despistó fue que la pequeña puerta del pozo estaba semiabierta. Fue extraño encontrar aquello de esa forma, ya que, como sabéis, siempre está cerrada. También sabéis que siempre andaba detrás de alguna persona que pudiera limpiar el pozo para poder taparlo y dejar de tener problemas.

¿Cuál fue mi reacción? Bajé. Sí, queridos míos, bajé sin temerme nada, sin pensar en que algo o alguien podría haber bajado y estar escondido dentro. Pero era mucho más importante proteger a mi familia. Recuerdo cuando mi madre me decía que la familia era lo primero en todo, en concreto me decía: << Jorge, la familia es lo primero. Son los que estarán siempre, las personas que elijas se convertirá en tu familia; nunca los pierdas por tener la cabeza en las nubes, hijo mío >>. Durante mucho tiempo estuve de acuerdo con mi madre, hasta que la pobre comenzó a perder la cabeza, por culpa de la enfermedad.

Lo peor de todo es que cuando llegué a ponerme delante de la puerta pequeña del pozo, me encontré completamente bien. Era como si hubiera algo que me quitase las cadenas de todo mi cuerpo. Ya sabéis, familia, que mi cabeza no andaba muy bien. Quizá la enfermedad de mi madre también estaba dentro de mí, o que alguna enfermedad de este siglo estuviera atacándome por sorpresa. Quisiera haberlo averiguado antes para no estar ahora en el lugar en el que estoy, pero debo deciros que estoy bien. Aunque también debo advertiros de una cosa: nunca bajéis al pozo. ¿Estoy ahí? Puede que algo de mí se quedase allí, pero creo que no. Toda mi esencia está con vosotros; todo lo que fui se ha quedado en vuestros corazones.

Ahora mismo, mi amor, te estarás preguntando si bajé, o si encontré algo… Pues bien, para tu sorpresa, sí, bajé. Me armé de valor, abrí la pequeña puerta y encontré una cuerda que estaba amarrada a un pequeño saliente que había en la parte derecha de la pared, justo debajo de la puerta que no se puede abrir y que da a la otra vivienda. La verdad es que me lo estuve pensando durante unos minutos, ya que no sabía lo que podía encontrar allí abajo, pero no tuve otra opción; quería protegeros y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa.

En un principio, cuando acerqué la cabeza al agujero, pude notar un hedor saliente de la negrura. Aunque todo estaba demasiado oscuro, había algo que hacía que pudiese ver sin problemas. Queridos míos, no había nada con lo que alumbrarme, pero, aun así, veía. ¿Tenéis alguna explicación para eso? Yo la encontré un poco más adelante.

Cuando bajé, despacio para no caerme, agarrado a la cuerda, encontré un lugar completamente nuevo para mi mente: no sabía que, en lo más profundo, había un mundo de posibilidades. Sé que ahora no entendéis el porqué de las cosas, pero debo deciros que llegué a sentirme como en mi propia casa. Lo sabréis enseguida. Todas las paredes estaban cubiertas con una capa de un moco verdoso, repugnante, sí, pero no me fue desagradable con el paso del tiempo, es más: me fue bastante confortable. Apenas desprendía mal olor, no para mí. Fui caminando hasta tropezar con una pared. 

En un principio creí que mi imaginación me había llevado demasiado lejos e incluso pensé que todo era un sueño de esos que nadie entiende al despertar. Pero no fue mi caso. Cuando fui a girarme para subir de nuevo, encontré otra palabra tallada en la pared: una “I”. En aquel momento solo tenía una “K”, pero encontré una “I”, por lo que intenté hacer una palabra con aquellas dos letras. Imposible. Había muchas combinaciones, y todas muy complejas sin la ayuda de un superordenador que hiciera las miles o millones de combinaciones. Pero sin dar alguna explicación, mi cuerpo comenzó a moverse hasta un lugar que mis ojos no habían podido ver. Fue como si mi mente ya hubiera estado en aquel lugar. Quizá ya hubiera estado sin darme cuenta, no sé.

Mi cuerpo comenzó a caminar por un sendero muy estrecho, rodeado de piedras puntiagudas que amenazaban con atravesarme si daba un traspié. Pero ni si quiera tuve la opción a ello, ya que mis pies sabían perfectamente por dónde estaba caminando. En el suelo solo había arena, pero no una arena cualquiera, era una especie de arenisca muy fina que se iba haciendo mucho más hondo conforme iba avanzando. Por un momento pensé que iba directo a algún lugar con agua o algo parecido, pero no fue así. Mi cuerpo giró bruscamente hacia la izquierda y se paró, se quedó inmóvil. Si os dais cuenta, digo que mi cuerpo se paró, porque yo no era el que estaba haciendo aquellos movimientos voluntarios: lo hacía solo. Mis ojos comenzaron a buscar algo por algún lugar, pero no encontré nada. 

Pasaron varios minutos sin ver nada y comencé a sentir mucho miedo. No sabía lo que podía pasar en los minutos siguientes, pero de repente, unos movimientos cerca de mi cuerpo, en la parte derecha, me hizo despertar del miedo y volver a sentirme atraído por la curiosidad. Alguna cosa comenzó a subir por mi pierna derecha hasta llegar a mi oído derecho. Intenté zafarme de aquella cosa, pero mi cuerpo no respondía a mis órdenes. Lo más curioso fue que aquel animal o insecto o fuera lo que fuere no me hizo nada, solo me dijo, mediante un susurro, otra letra: otra “K”.

Nuevamente, intenté buscarle alguna explicación, pero no logré encontrar nada. Desde ese momento aquel animal me acompañó, agarrado a mi hombro. Mi cuerpo continuó caminando hasta llegar a un otra especie de laberinto, donde no supe hacia qué lugar estaba mirando. Reconozco que en aquel momento no sabía muy bien qué estaba pasando, pero me encontraba muy bien. El insecto me fue hablando mientras andaba, y me estuvo contando cosas muy interesantes. Creo que es mejor que no lo sepáis.

Quizá no he sabido hacer las cosas como me plantee hace mucho tiempo, pero de eso ya no me acuerdo en absoluto: donde estoy no puedo recordar todo lo que hice en la vida pasada. Con el tiempo, y mucha suerte, quizá pueda salir, aunque sea por unos segundos sin que ocurra nada, para poder veros.

Conforme seguía caminando, vi muchas cosas marcadas en las paredes. Todo estaba repleto de jeroglíficos. Había cosas que parecían garabatos hechos por niños, pero que cuando el animal, posado en mi hombro, me fue comentando el significado, todo comenzó a tener sentido. Las letras que había estado obteniendo a mi paso se fueron abriendo paso en mi mente. Muchas imágenes comenzaron a recorrerme las venas. Y en todas ellas había el nombre de una cosa que nunca le había tenido en cuenta. Cuando el animal terminó de explicarme el significado de todo, pude recordar el nombre de lo que creí que era lo que me quería enseñar: Kíkont…  Este nombre es lo que me quería decir con aquellas letras sueltas. 

Por suerte no hizo falta que anduviera por aquella oscuridad mucho más tiempo, ya que, al pronunciar aquel nombre, unas de las paredes de donde estaba comenzó a abrirse. El moco verdoso se fue despegando de la piedra y dejando paso a una luz que me cegaba si la miraba fijamente. No sabía a lo que me estaba enfrentando, pero me encontraba en paz. El animal dio un salto y bajó al suelo, para seguir caminando por su cuenta. 

En aquel momento, volví a ser dueño de los movimientos de mi cuerpo. Seguramente, cariño, te estarás preguntando: ¿Por qué no regresaste? No pude. Aquel lugar me llamaba mucho más la atención que el mundo en el que nací. Posiblemente terminé harto de los humanos, no sé. Lo que sí sé es que aquí abajo soy capaz de hacer lo que me plazca, pero con una condición, o con una maldición diría yo.

Cuando se abrió la pared, entré en una ciudad que la mayoría de la gente desconoce. Tuve la suerte de conocerlo, y ya hace de eso un año. La ciudad está construida en una base sólida. Aquí no hay agua por ningún lado, pero no por eso no existe algo parecido a eso. Tengo un pequeño lago que contiene una sustancia que, si te la pones en la piel enferma, se curará al instante. Las calles son completamente iguales que las vuestras, ya que, las personas que viven aquí aprendieron, hace muchísimos años, de lo que aprendimos nosotros. Creo que no hay mucha diferencia entre estos seres con nosotros. Aunque ya no puedo decir que sea un humano, la verdad; hace mucho tiempo que dejé de serlo por decisión propia, claro.

La gente de aquí me aceptó enseguida, o más bien, me estuvieron esperando con muchas ganas de conocerme, porque me hicieron, incluso, una bienvenida por todo lo alto. Lo duro viene ahora, familia. Quiero que pongáis toda la atención posible a todas mis palabras. Quiero que sepáis que os quiero con toda mi alma. Hasta ahora no ha sido posible escribiros estas palabras por mis nuevos compromisos, que me han tenido tan ocupado. En cuanto terminéis de leer esta emisiva, esta se destruirá, ya que no puede existir ninguna prueba sobre la existencia de una ciudad bajo tierra.

Cuando llegué, varias personas me llevaron a un lugar parecido a una iglesia vuestra, pero de diferente forma: las paredes estaban recubiertas del mismo moco que os he descrito. Tiene columnas en forma de espiral y en cada lado cuelga una especie de imagen del rey. Aquí, el rey es llamado Kíkont, y eso es lo que soy ahora. Soy el rey de Malsupión, por eso no puedo volver a la superficie. Dentro del templo, había muchas personas esperándome: todas sentadas sobre unos taburetes de piedra maciza. Por lo visto, el rey anterior, había previsto su muerte y la llegada de un nuevo rey proveniente de las afueras del reino. Todos esperaron durante cientos de años, hasta que llegué por sorpresa.

Me llevaron hasta ponerme delante del rey, para que hablase con él.

—Hola, forastero —me dijo. Aunque no me lo dijo en vuestro idioma, lo dijo en el idioma de ellos, el Walhspús. Es muy difícil, pero lo aprendí bastante rápido.

—Hola… —dije con algo de miedo.

—Me estoy muriendo y necesito que alguien sea el rey de este reino. Necesito que me des la mano para saber si eres tú el elegido por las nubes púrpuras —me dijo mientras alzaba una de sus manos. Aquí las nubes son púrpuras por la acción de unos gases que, a priori, me deberían matar, pero que, desde el principio, soy inmune. Y siendo el rey de aquel mundo, no podía desobedecer la orden de un monarca: le di la mano sin pensarlo. Este cerró los ojos y dejó de respirar. A los pocos segundos comencé a sentir un frío atroz en mis venas.

Aquí comenzó mi reinado.

Cuando me soltó la mano, perdí el conocimiento. Después de eso no recuerdo nada, pero si sé que me tuvieron que crecer seis brazos más y tres piernas. Ahora mismo os estaréis sintiendo fatigados, creyendo que todo esto es una broma… pero no es así. Dentro del sobre en el que os ha llegado la carta os mando una prueba. Aquí las piedras no son como las de arriba. Aquí son de color magenta y están completamente pulidas.

Aquí nos alimentamos de las personas que son olvidadas allí arriba. Es nuestra única opción para seguir prosperando. No quiero que penséis mal de mí. Creo que siempre me han estado esperando, y no puedo rechazar la oportunidad que me han dado de vivir.

PD: Marta, solo quiero decirte que te quiero. Nunca dejaré que sirváis de alimento para mi comunidad. Tampoco intentes bajar o que el niño lo haga, ya que moriríais con tan solo poner un pie en el suelo. Siento no poder describiros mucho más, pero, si lo hago, estaría traicionando a mi gente. Lo siento, mi amor. Perdóname. Sigue tu vida y se feliz. Os amo.

KÍKONT   

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